El Banco Central de la República Argentina (BCRA) anunció un cambio clave en el esquema de bandas de flotación cambiaria que comenzará a regir a partir del 1 de enero. La modificación implica que el techo y el piso de la banda dejarán de ajustarse a un ritmo fijo del 1% mensual y pasarán a actualizarse según la inflación mensual medida por el INDEC, con un rezago de dos meses (t-2). Para el mercado, la decisión representa un giro relevante en la estrategia cambiaria y un paso hacia un mayor alineamiento entre el tipo de cambio y la dinámica de precios de la economía.

Con este nuevo criterio, el dólar deja de funcionar como “ancla” nominal contra la inflación y comienza a moverse en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC). En términos prácticos, desde enero las bandas se ajustarán según la inflación de noviembre, que fue del 2,5%. Actualmente, el esquema de no intervención del BCRA se ubica entre un piso de $921,2 y un techo de $1.518,52. Bajo el nuevo régimen, el límite superior podría trepar hacia fines de enero hasta aproximadamente $1.564.
De acuerdo con las expectativas relevadas por el propio Banco Central, la inflación de diciembre rondaría el 2,1%, dato que se utilizaría para actualizar las bandas en febrero, mientras que la inflación estimada para enero es del 1,9%, referencia que impactaría en marzo. De esta forma, el ajuste del tipo de cambio acompañará de manera más directa el proceso inflacionario, aunque siempre con el rezago de dos meses.
En el mercado de futuros y opciones, el dólar mayorista se negocia actualmente en torno a $1.449,5 para fin de diciembre y cerca de $1.484 para fines de enero. No obstante, estas cotizaciones se definieron antes del anuncio oficial del BCRA, por lo que los operadores anticipan una reconfiguración de precios en las próximas ruedas.
Qué efectos esperan los analistas sobre el dólar y las reservas
Desde la mirada de los economistas, el cambio de reglas fue bien recibido. La principal lectura es que el esquema reduce el riesgo de atraso cambiario y le quita presión al techo de la banda. Además, envía una señal clara de que el tipo de cambio ya no será utilizado como herramienta central para contener la inflación.
Especialistas coinciden en que la nueva metodología le da mayor consistencia al programa de bandas, al vincularlo con un indicador observable y relevante como el IPC, que actualmente se ubica por encima del 1% mensual. En ese sentido, se interpreta como un desarme gradual del esquema previo, que generaba dudas sobre su sostenibilidad en el mediano plazo.
Otro punto destacado es que, al ajustarse por la inflación de dos meses atrás, el techo de la banda podría incluso depreciarse en términos reales si el proceso de desinflación se consolida. Esto alejaría al tipo de cambio de los niveles de intervención del Banco Central y reduciría la necesidad de vender reservas ante episodios de volatilidad, facilitando la acumulación de divisas dentro de un marco más previsible.
Reacción positiva de bonos, acciones y dólares financieros
El anuncio tuvo un impacto inmediato en los mercados. Los bonos soberanos registraron subas generalizadas de hasta 2,5%, con un mejor desempeño en los títulos de mayor duración. Los instrumentos en pesos avanzaron más de 3% en algunos casos, mientras que los bonos en dólares bajo legislación local y extranjera mostraron incrementos cercanos al 2,3% y 2,5%.
En el mercado accionario, el principal índice bursátil de Buenos Aires cerró con una suba del 1,1%, impulsado principalmente por el sector bancario, cuyos papeles treparon hasta 3,6% en la jornada. En paralelo, los dólares financieros avanzaron alrededor del 1%, en línea con la reconfiguración de expectativas tras el anuncio.
Analistas financieros señalaron que la reacción positiva refleja la percepción de que el Gobierno continúa ajustando el programa económico para hacerlo sostenible en el mediano y largo plazo, al tiempo que toma nota de las señales y demandas del mercado.
Compras de reservas y normalización monetaria
Junto con el cambio en las bandas, el BCRA anunció un programa de acumulación de reservas y de normalización de encajes bancarios. En el escenario base, la autoridad monetaria planea adquirir alrededor de 10.000 millones de dólares para llevar la base monetaria al 4,8% del PBI hacia fines de 2026. En un escenario de mayor demanda de dinero, las compras podrían escalar hasta los 17.000 millones de dólares sin necesidad de una esterilización sostenida.
Según se detalló, el impacto de estas compras en el mercado cambiario será administrado con cautela. Inicialmente, las adquisiciones diarias estarán limitadas a aproximadamente el 5% del volumen operado en el mercado de cambios, con la posibilidad de realizar compras en bloques para evitar distorsiones en la liquidez.
Desde el Banco Central remarcaron que el objetivo prioritario sigue siendo lograr la convergencia de la inflación doméstica hacia niveles compatibles con la inflación internacional, en un contexto de corrección de desequilibrios macroeconómicos y mayor previsibilidad.
Un mensaje al mercado de mediano plazo
El nuevo esquema busca ampliar el horizonte de planificación económica y reforzar la credibilidad del programa frente a la incertidumbre política y los desafíos del calendario electoral. Para los analistas, si bien podrían registrarse presiones de corto plazo sobre el tipo de cambio y los precios, el rumbo general es considerado positivo, especialmente para los bonos en moneda dura.
La combinación de un esquema cambiario más flexible, un programa explícito de acumulación de reservas y señales de continuidad en la política económica es vista como un paso en la dirección correcta para fortalecer la estabilidad, reducir el riesgo país y sentar las bases para la re-monetización de la economía y el crecimiento sostenido.



