La líder opositora busca bloquear una salida negociada con Delcy Rodríguez mientras Washington define quién conducirá la transición tras la detención de Maduro
La detención de Nicolás Maduro abrió un escenario inédito y cargado de incertidumbre en Venezuela. En ese contexto, la líder opositora María Corina Machado decidió acelerar su ofensiva política y diplomática para impedir una transición negociada dentro del propio chavismo y presionar a Estados Unidos para que reconozca de inmediato a Edmundo González Urrutia como presidente del país.

Este mediodía, Machado publicó una carta abierta dirigida a la Casa Blanca en la que reclamó que Washington desconozca cualquier acuerdo con sectores del régimen y respalde sin ambigüedades a la oposición. “Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”, afirmó la dirigente en sus redes sociales. Y agregó: “Llegó la hora de que la soberanía popular y la soberanía nacional rijan en nuestro país”.
La líder opositora insistió en que González Urrutia debe asumir de manera inmediata la Presidencia y ser reconocido como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. En ese marco, exhortó a oficiales y soldados a acatar una nueva conducción política, aunque en los hechos el chavismo continúa controlando el aparato estatal, los recursos estratégicos y el poder militar, lo que vuelve incierta cualquier definición en el corto plazo.
Las miradas, por estas horas, se concentran en la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien fue la primera funcionaria en confirmar públicamente la detención de Maduro a través de una entrevista telefónica con la televisión estatal venezolana. Su figura aparece como clave ante los rumores de una posible reconfiguración interna del poder. Aunque circularon versiones que la ubicaban en Rusia, fuentes cercanas a la vicepresidenta desmintieron esa información y aseguraron que permanece en Caracas, dato que también fue confirmado por medios internacionales.
En paralelo, el expresidente estadounidense Donald Trump reveló en una entrevista con Fox News que Delcy Rodríguez había formado parte de conversaciones con Maduro para una eventual transición ordenada, aunque aclaró que finalmente ese esquema fue descartado. Trump dio algunos detalles de la operación que derivó en la caída del mandatario venezolano, pero evitó precisar a quién reconoce la Casa Blanca como autoridad legítima.
“No podemos arriesgarnos a dejar que alguien más dirija Venezuela y simplemente se haga cargo de lo que él dejó. Estamos tomando esa decisión ahora”, afirmó Trump. Incluso deslizó que Delcy Rodríguez, por su rol institucional, podría ser una opción, y advirtió a los funcionarios del régimen que enfrentarán consecuencias severas si no se alinean con Washington.
Estas declaraciones profundizaron la incertidumbre sobre el futuro de la oposición venezolana y, en particular, sobre el rol de María Corina Machado, cuya estrategia confrontativa genera desconfianza en sectores del liderazgo republicano. En la Casa Blanca, el debate central por estas horas no gira solo en torno a la transición, sino sobre quién debe ejercer efectivamente el poder en Venezuela.
Otro actor central es Diosdado Cabello, ministro del Interior y uno de los hombres más influyentes del chavismo. Tras el bombardeo estadounidense a instalaciones militares, Cabello reapareció públicamente en Caracas para desmentir las versiones que lo daban por muerto. Vestido con casco y chaleco antibalas, grabó un video en las calles de la capital en el que denunció la intervención militar norteamericana y buscó transmitir control de la situación.
“Aquí hay un pueblo organizado que sabe qué hacer”, afirmó. Luego aseguró que “el país está en completa calma” y pidió a la población que confíe en el liderazgo político. También reclamó un pronunciamiento inmediato de los organismos internacionales ante lo que calificó como un “ataque cobarde” y una “masacre contra civiles”.
Cabello no es un actor menor. Controla las fuerzas de seguridad, los servicios de inteligencia, la relación con el Poder Judicial y la Corte Suprema, además del aparato del Partido Socialista Unido de Venezuela. Su poder dentro de la estructura chavista es determinante. En tiempos de Hugo Chávez, disputó la sucesión con Maduro y, tras la muerte del líder bolivariano, fue progresivamente desplazado del primer círculo de poder en favor de los hermanos Rodríguez.
Sin embargo, en la antesala de las elecciones del 28 de julio, el vínculo entre Maduro y Cabello se reconfiguró. El entonces presidente le devolvió centralidad política y le otorgó un “súper ministerio”, consolidando nuevamente su influencia dentro del régimen.
La tercera figura clave es Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y jefe de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Según trascendió, se encontraría refugiado en un búnker militar. La falta de una respuesta militar directa a los ataques de Estados Unidos alimentó las especulaciones sobre un posible acuerdo interno o una negociación silenciosa para evitar una escalada mayor.
Desde el punto de vista institucional, la sucesión presidencial en Venezuela no recae automáticamente en el vicepresidente. Ante la ausencia del presidente, la línea constitucional indica que el poder debería ser asumido por el titular de la Asamblea Nacional, cargo que actualmente ocupa Jorge Rodríguez, quien hasta el momento no realizó declaraciones públicas.
Mientras tanto, la presión internacional, las disputas internas del chavismo y la ofensiva de la oposición configuran un escenario abierto, en el que la definición sobre quién conducirá Venezuela sigue siendo el principal interrogante político de la región.



