Profesora de Inglés, políglota y apasionada por la cultura del animé, la joven santaelenense vive en Estados Unidos, recorrió Japón en soledad y proyecta su futuro profesional en Asia.

Ana Paula Fernández nació y creció en Santa Elena, donde desde muy joven dejó en evidencia una marcada vocación por el estudio, los idiomas y las culturas extranjeras. Egresó del Instituto San Antonio de Padua, destacándose siempre como una alumna aplicada, comprometida y muy querida por sus compañeros, cualidades que mantuvo a lo largo de toda su formación académica.
Más tarde se recibió de profesora de Inglés en el Instituto de Educación Superior de Santa Elena, dependiente de la UNER, consolidando así una base académica que sería clave para su futuro. Paralelamente, cultivó una pasión que marcaría su camino: el animé japonés y la cultura asiática, interés que nació en la infancia y se transformó con los años en un verdadero proyecto de vida.

En julio de 2024 dio un paso decisivo y comenzó una nueva etapa en el exterior. Actualmente reside en Great Falls, estado de Virginia, en la costa este de Estados Unidos, donde participa de un programa de intercambio cultural Au Pair.
Allí vive con una familia estadounidense, cuida a dos niñas y, además, les enseña japonés y español, mientras continúa formándose en áreas vinculadas al Entretenimiento Virtual y el Arte Digital.

Ana Paula define esta experiencia como única y profundamente enriquecedora, no solo en lo profesional sino también en lo personal. Asegura que la posibilidad de vivir y conocer el mundo no responde a la suerte, sino a años de preparación, constancia y una organización firme de objetivos.
El valor de la persistencia
El camino recorrido no estuvo libre de dificultades. En 2018 atravesó una etapa personal compleja, en un contexto económico adverso que parecía alejar cualquier posibilidad de viajar al exterior. Sin embargo, lejos de resignarse, encontró en su pasión por el animé una fuente de motivación constante. Ese interés, que comenzó mirando Naruto en la casa de sus abuelos mientras volvía de la escuela primaria, fue el impulso que mantuvo vivo su sueño de conocer Japón y otras culturas asiáticas.

Durante más de siete años se preparó de manera ininterrumpida. Estudió idiomas de forma autodidacta, recurriendo a plataformas digitales, intercambios virtuales con hablantes nativos y contenidos educativos en línea. Hoy habla ocho idiomas, con un dominio destacado del inglés y el japonés, además del español.
“Fueron años de mucho esfuerzo y no fue fácil”, sostiene, desmitificando la idea de que sus logros llegaron por casualidad.
Japón: tradición, silencio y modernidad
Una vez instalada en Estados Unidos, Ana Paula cumplió uno de los grandes sueños de su vida: viajar sola a Japón. Durante dos semanas recorrió ciudades emblemáticas como Tokio, Kioto, Osaka, Nara e Ibaraki, donde pudo experimentar el contraste entre la modernidad extrema de barrios como Akihabara considerado un verdadero paraíso para los fanáticos del animé y la serenidad de templos históricos como el Pabellón Dorado.

De la cultura japonesa, destaca el respeto por el silencio, la puntualidad y la convivencia social.
Relata con asombro situaciones cotidianas como conductores de metro pidiendo disculpas por retrasos de apenas un minuto y entregando certificados de tardanza para presentar en el trabajo.
Para ella, Japón encarna una fusión perfecta entre lo ancestral y la tecnología de vanguardia.

Esa experiencia reafirmó un vínculo emocional profundo con el país, construido a lo largo de años de estudio y admiración cultural.
Desde Virginia, Ana Paula observa con mirada crítica y curiosa la cultura estadounidense. Le llama especialmente la atención el hiperconsumismo, la vida acelerada y la lógica del “vivir para trabajar”. La dependencia absoluta del automóvil, la ausencia de veredas y la cultura del fast food contrastan fuertemente con el estilo de vida más contemplativo que vivió en Asia.

A pesar de estas diferencias, logró adaptarse con rapidez y aprovechar cada oportunidad. En su tiempo libre viaja con frecuencia y ya recorrió destinos como Nueva York, Miami y las Islas Caimán. Vive a pocos kilómetros de Washington D.C., lo que le permite estar en contacto permanente con una ciudad cargada de historia y diversidad cultural.
Viajar para crecer
Para Ana Paula, viajar va mucho más allá de sumar destinos. Es una experiencia transformadora, una herramienta de autoconocimiento y una forma de ampliar la mirada sobre el mundo y sobre sí misma. Su proyecto a futuro es claro: permanecer en Estados Unidos hasta febrero de 2027 y luego trasladarse a algún país de Asia para continuar su desarrollo profesional, mientras profundiza el estudio del coreano y el chino.

Convencida de que el crecimiento personal nace fuera de la zona de confort, sostiene que cada experiencia vivida refuerza una idea que guía su camino: los límites no están en el contexto, sino en la determinación personal.
Quienes la conocen en Santa Elena coinciden en que su perseverancia, disciplina y energía positiva la llevarán tan lejos como se proponga. Con una luz propia y una vocación incansable por aprender, Ana Paula Fernández continúa construyendo una historia que inspira y demuestra que los sueños, con trabajo y constancia, pueden cruzar fronteras.




