River Plate necesitó sufrir hasta el final para imponerse 1-0 frente a Ciudad de Bolívar y meterse en los 16avos de final de la Copa Argentina. El equipo dirigido por Marcelo Gallardo volvió a mostrar un rendimiento opaco y recién logró quebrar la resistencia de su rival a los 86 minutos, gracias a un penal convertido por Juan Fernando Quintero.

El encuentro, disputado en la provincia de San Luis, dejó más interrogantes que certezas para un conjunto millonario que atraviesa un momento futbolístico irregular y que no logra recuperar la contundencia que lo caracterizó en otras etapas.
Dominio estéril y escasa profundidad
Desde el inicio, River asumió el protagonismo con mayor tenencia de balón y posicionamiento en campo rival. Sin embargo, el dominio territorial no se tradujo en situaciones claras de gol. La circulación fue lenta y previsible, con escasa sorpresa en los últimos metros y poca movilidad para romper líneas defensivas.
Ciudad de Bolívar, ordenado y concentrado, apostó a cerrarse cerca de su área y a sostener el cero. Con líneas compactas y una actitud solidaria en la marca, logró incomodar a un River que volvió a carecer de variantes ofensivas.
Las mejores aproximaciones del conjunto de Gallardo llegaron a través de acciones aisladas. Quintero intentó hacerse eje del juego, retrocediendo algunos metros para participar más activamente y buscando asociaciones con Gonzalo Montiel. En una de esas conexiones nació una de las jugadas más claras, aunque sin consecuencias en el marcador.
También contó con una ocasión nítida Tomás Galván, cuyo remate se estrelló en el travesaño cuando el arquero ya estaba vencido. Fue un aviso en medio de un desarrollo trabado, pero no alcanzó para quebrar el planteo defensivo del conjunto bonaerense.
Dependencia de Quintero y falta de peso en el área
La figura del colombiano volvió a ser determinante en el circuito ofensivo. Cada intento de River pasó, en mayor o menor medida, por sus pies. Cuando logró acelerar, el equipo mostró otra dinámica; cuando quedó aislado o bien marcado, el ataque perdió claridad.
Maximiliano Salas tuvo una participación discreta y no logró imponerse en el juego aéreo ni en los duelos individuales. Por su parte, Agustín Ruberto evidenció voluntad y despliegue, pero todavía le falta experiencia para asumir el liderazgo ofensivo en partidos cerrados y de alta presión.
La falta de contundencia volvió a quedar expuesta en un equipo que arrastra dificultades para revertir contextos adversos y que, incluso ante rivales de menor jerarquía, no consigue traducir la superioridad teórica en diferencias claras dentro del campo.
Con el correr de los minutos, la ansiedad comenzó a jugar su partido. El público presente percibía que el desenlace podía complicarse y que el empate forzaría una definición desde el punto penal. La tensión fue en aumento y el equipo no encontraba caminos fluidos para vulnerar a su adversario.
El penal que cambió el desenlace
Cuando el encuentro parecía encaminado a la tanda de penales, llegó la acción decisiva. Joaquín Freitas ingresó al área y fue derribado por Elías Martínez en una jugada que generó reclamos pero que el árbitro Nicolás Ramírez sancionó sin dudar.
Quintero tomó la responsabilidad desde los doce pasos y ejecutó con serenidad, colocando el balón lejos del alcance del arquero para establecer el 1-0 definitivo. El gol desató el desahogo de jugadores y cuerpo técnico, conscientes de que una eliminación hubiese profundizado la crisis futbolística.
En los minutos finales, River manejó la ventaja con cautela hasta el pitazo final, sellando una clasificación trabajosa.
Clasificación con dudas
El resultado le permite a River avanzar a los 16avos de final, pero el rendimiento vuelve a encender señales de alerta. La falta de creatividad colectiva, la dependencia de individualidades y la escasa contundencia ofensiva son aspectos que el cuerpo técnico deberá corregir con urgencia.
El triunfo, aunque necesario, no alcanza para disipar cuestionamientos. En un contexto de exigencia permanente, el equipo necesita recuperar confianza, fluidez y eficacia si pretende competir con mayores aspiraciones en la Copa Argentina y en el resto de las competencias de la temporada.



