La designación del teniente general Carlos Presti como ministro de Defensa representa un cambio de doctrina sin precedentes desde el retorno democrático. Por primera vez en más de cuarenta años, un militar en actividad ocupará el máximo cargo político del área, rompiendo con la tradición de conducción civil directa que regía desde 1983.

Presti, quien hasta este sábado se desempeñó como jefe del Ejército, fue elegido por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. En los últimos meses mantuvo reuniones periódicas con la funcionaria en la Casa Rosada, a donde asistía vestido de civil para conversar sobre temas vinculados a los Granaderos, la unidad que tiene a su cargo la custodia presidencial y que depende de la Casa Militar, bajo la órbita de Karina Milei. Su llegada al Ministerio refleja el alto nivel de confianza que la hermana del Presidente depositó en su figura.
A diferencia del proceso que derivó en la designación de Alejandra Monteoliva al frente de Seguridad una definición atribuida al sector político de Patricia Bullrich, la nominación de Presti no surgió del círculo del ministro saliente Luis Petri. Este último había expresado su preferencia por su jefa de Gabinete, Luciana Carrasco. Tampoco fue seleccionado el jefe del Estado Mayor Conjunto, Xavier Isaac, cuya continuidad había sido evaluada en los días previos. Estas decisiones provocaron especulaciones acerca de la orientación que tomará la nueva conducción militar.
Dentro de las Fuerzas Armadas, distintas fuentes manifestaron inquietud por las derivaciones que podría generar este movimiento, especialmente en un contexto de dificultades económicas, problemas operativos y la crisis que atraviesa la obra social IOSFA. Algunos mandos consideran que la falta de experiencia política de Presti puede ser una debilidad en un cargo que requiere articulación permanente con la administración nacional.

Quienes conocen al flamante ministro lo describen como un militar “correcto, respetado” y con un fuerte perfil operativo, más cercano al rol de comandante que al de jefe político. A diferencia de ciertos antecedentes recientes, ocupa el cargo en actividad y no en condición de retiro, lo que añade un matiz particular a su designación.
Resta confirmar si los actuales jefes de las tres fuerzas presentarán su renuncia ante el cambio de conducción. Entre ellos están el mencionado Xavier Isaac (Estado Mayor Conjunto), Gustavo Valderde (Fuerza Aérea) y Carlos Allievi (Armada), quienes mantienen con Presti una relación jerárquica directa en la cadena de mando y ahora se encuentran frente a un escenario inesperado.
La asunción de Presti abre una etapa de interrogantes y expectativas en el ámbito militar. Su figura promete continuidad en lo estrictamente castrense, pero su nuevo rol al frente de la política de Defensa plantea un desafío institucional que no tiene antecedentes en la Argentina democrática.



