La noche de Fórmula 1 en Las Vegas dejó un balance amargo para Franco Colapinto. El piloto argentino terminó 15° y se mostró visiblemente contrariado por las sensaciones que le transmitió su Alpine durante el Gran Premio. Desde los primeros metros, su rendimiento quedó comprometido tras un toque con Alexander Albon, que dañó el difusor y afectó de manera directa la carga aerodinámica del auto, un factor determinante en un circuito que exige estabilidad en frenadas y tracción.

Ya en boxes, el diagnóstico fue categórico. Colapinto definió el comportamiento del monoplaza como “frustrante”, debido a “una falta crítica de grip” que lo volvió prácticamente “ingobernable”. Según explicó, el tren trasero estaba tan inestable que le impedía acelerar correctamente a la salida de las curvas y también gestionar el frenado con la precisión necesaria para mantenerse competitivo.
El argentino detalló que, más allá de los puntos aerodinámicos perdidos en términos teóricos, la sensación al volante era la de una degradación mucho mayor: “Era como si faltara mucho más apoyo del que mostraban los números. Todo empeoraba vuelta a vuelta”.

A pesar de haber completado la carrera, Colapinto reconoció que la tarea fue más de supervivencia que de estrategia. Valoró la resiliencia de haber llevado el auto hasta la bandera a cuadros, pero destacó la impotencia que genera luchar contra limitaciones puramente mecánicas: “Tenés la bronca de saber que no podés hacer nada para pelear”.
En ese sentido, también cuestionó la planificación de Alpine. Consideró desacertada la extensión del stint con neumáticos medios y señaló que la parada en boxes “se hizo demasiado temprano, justo cuando el duro empezaba a ofrecer mejores sensaciones”. Para Colapinto, esas decisiones terminaron de consolidar un fin de semana cuesta arriba.
Con un auto desbalanceado durante toda la prueba, el equipo ya trabaja en el análisis de datos para entender el origen de los problemas y encarar con otra proyección la próxima cita del calendario. El desafío ahora será lograr que lo ocurrido en Las Vegas quede rápidamente en el pasado y que las conclusiones sirvan para fortalecer el rendimiento futuro.



