El mercado inmobiliario argentino vuelve a mostrar señales de dinamismo y el crédito hipotecario aparece, otra vez, como uno de los motores centrales del sector. Con el regreso de los préstamos ajustados por UVA y una macroeconomía que empieza a mostrar mayor previsibilidad, 2026 se perfila como un año bisagra para la consolidación del financiamiento a largo plazo.

Según datos de la Fundación Tejido Urbano, hasta octubre ya se otorgaron más de 35.000 créditos hipotecarios en todo el país, una cifra que confirma la recuperación iniciada hace aproximadamente 18 meses. Tras un 2025 marcado por un fuerte repunte en las operaciones inmobiliarias, la oferta de financiamiento se desaceleró durante el proceso electoral, pero las expectativas volvieron a mejorar en los últimos meses.
Tasas en alza, pero con señales de estabilización
El principal foco de atención sigue puesto en las tasas de interés. Desde mayo de 2024, varios bancos ajustaron sus tasas en más de ocho oportunidades. En entidades privadas de primera línea, los valores llegaron a rozar el 15%, lo que encendió algunas señales de alerta en el sector.
En contraste, el Banco Nación mantiene las tasas más competitivas del mercado, con un 6% para clientes y 12% para no clientes, y continúa recibiendo alrededor de 5.000 solicitudes mensuales. Para los especialistas, este diferencial explica buena parte de la demanda sostenida en la banca pública, incluso en un contexto de tasas más altas.
Pese a estos incrementos, la mayoría de los analistas coincide en que el proceso responde a una etapa de reacomodamiento y que el escenario de fondo sigue siendo positivo, siempre y cuando se consolide la estabilidad macroeconómica y se amplíen las fuentes de fondeo del sistema financiero.
Hacia una tasa de equilibrio más sostenible
La evolución de las tasas refleja la búsqueda de un equilibrio en un mercado históricamente sensible a la volatilidad económica. La clave, coinciden los expertos, es reducir el riesgo sistémico para que la oferta de crédito pueda sostenerse en el tiempo.
En ese sentido, se observa una tendencia gradual hacia niveles más razonables. Si bien las tasas actuales todavía están por encima de los estándares internacionales, ya se mueven dentro de un marco más ordenado y empiezan a mostrar señales de normalización.
Las proyecciones del sector ubican la tasa de largo plazo de equilibrio en torno al 7% u 8%, muy por debajo de los picos recientes del 12% o 15%, aunque aún lejos de los valores excepcionalmente bajos que se observaron en algunos momentos puntuales. La velocidad de esta convergencia dependerá del riesgo país, la estabilidad financiera y la capacidad de cada banco para gestionar su liquidez.
Liquidez, fondeo y los límites estructurales del sistema
Más allá del nivel de las tasas, el crédito hipotecario continúa condicionado por factores estructurales. La falta de un mercado de capitales profundo y la escasez de instrumentos de fondeo a largo plazo siguen siendo obstáculos para expandir la oferta de préstamos.
Desde el sector inmobiliario advierten que, para que 2026 marque un verdadero salto cualitativo, será clave contar con créditos de entre 15 y 30 años, con cuotas previsibles y tasas compatibles con los ingresos de la clase media.
La estabilidad aparece como el factor determinante. La experiencia reciente dejó en claro que, sin previsibilidad política y económica, las familias postergan decisiones de largo plazo, incluso cuando los precios resultan atractivos.
Demanda contenida y expectativa de acceso a la vivienda
En las inmobiliarias, el interés por el crédito hipotecario se mantiene firme. Las consultas se multiplican, aunque muchas familias todavía dudan a la hora de avanzar. El temor a cambios bruscos en la economía sigue siendo una barrera emocional y financiera.
El consenso dentro del sector es claro: si los créditos no se ajustan a la realidad de los ingresos medios y bajos, el acceso a la vivienda seguirá siendo limitado. Por eso, la baja gradual de tasas y la estabilidad macroeconómica son condiciones indispensables para ampliar el universo de beneficiarios.
En paralelo, el Banco Nación avanza con mejoras operativas para acelerar los tiempos de escrituración. Si estos cambios se consolidan, otras entidades podrían seguir el mismo camino, ampliando la oferta y la competencia en el mercado.
Precios, salarios y un mercado que empieza a reaccionar
En materia de precios, el mercado inmobiliario muestra una recuperación moderada pero sostenida. El regreso del crédito impulsa la demanda y mejora las expectativas de rentabilidad, lo que a su vez alienta nuevos desarrollos.
La expectativa de una mejora gradual de los salarios también juega a favor. Si los ingresos acompañan el proceso de estabilización y las tasas convergen a niveles más bajos, más familias podrán calificar para un crédito hipotecario.
Los números de escrituras refuerzan este diagnóstico. En la provincia de Buenos Aires, octubre fue el mejor mes desde el año 2000, con más de 15.000 compraventas, un dato que funciona como termómetro del renovado movimiento del sector.
2026, un año clave para el regreso del crédito
El balance general es optimista, aunque prudente. La demanda se mostró firme durante todo 2025 y las condiciones para 2026 parecen alinearse de manera favorable. Con mayor oferta, más operaciones y expectativas de estabilidad, el crédito hipotecario vuelve a posicionarse como una herramienta estructural para el crecimiento del mercado inmobiliario.
Si la tendencia a la baja de las tasas se consolida y el contexto macro acompaña, 2026 podría marcar el regreso definitivo del crédito hipotecario como pilar del acceso a la vivienda en la Argentina, dejando atrás su rol intermitente y devolviéndole un lugar central en la economía real.



