Luego de más de un cuarto de siglo de negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea firmaron este sábado en Asunción, Paraguay, su acuerdo de asociación estratégica, un entendimiento largamente esperado que establece la creación de una de las zonas de libre comercio más grandes del planeta. El pacto integrará a cerca de 750 millones de personas y representará alrededor del 25% del Producto Bruto Interno mundial, con un impacto directo en el comercio, la inversión y el posicionamiento geopolítico de ambos bloques.

La firma se realizó en el Teatro San José de Flores del Banco Central de Paraguay, un escenario cargado de simbolismo histórico, ya que allí mismo se fundó el Mercosur en 1991. El acto contó con la presencia de los jefes de Estado y representantes de los países miembros, además de las máximas autoridades de la Unión Europea.
El presidente argentino Javier Milei participó como testigo de honor y calificó el acuerdo como “el logro más importante de la historia del Mercosur”. Además, anunció que el texto será enviado al Congreso de la Nación en los próximos días para su tratamiento legislativo durante el período de sesiones extraordinarias.
El documento fue rubricado por los cancilleres del bloque sudamericano y por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto al presidente del Consejo Europeo, António Costa, quienes destacaron el valor estratégico del pacto en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, conflictos geopolíticos y un avance del proteccionismo.
“El acuerdo demuestra que Sudamérica elige la integración y el multilateralismo”, afirmó von der Leyen, quien subrayó que el entendimiento envía una señal clara de estabilidad y cooperación frente a la incertidumbre global.
Tensiones políticas y gestos cruzados en la cumbre
Pese al clima de celebración, el acto también dejó expuestas diferencias políticas e ideológicas entre los líderes presentes. La ausencia más notoria fue la del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien no viajó a Asunción y fue representado por su canciller, Mauro Vieira, en una decisión que generó lecturas políticas dentro del bloque.

Durante su discurso, Milei agradeció especialmente a la primera ministra italiana Giorgia Meloni, a quien definió como una aliada estratégica, y celebró hechos recientes de la política regional e internacional alineados con su visión ideológica. En contraste, António Costa defendió el respeto por la soberanía y la integridad territorial de los Estados y rechazó “la ley del más fuerte”, en un mensaje interpretado como una crítica indirecta a las corrientes más unilaterales del escenario global.
El presidente paraguayo Santiago Peña, anfitrión del encuentro, cerró la jornada con un llamado al diálogo y al consenso, al afirmar que el acuerdo “representa un sueño largamente esperado por generaciones” y que el entendimiento demuestra que la cooperación sigue siendo el camino más eficaz para el desarrollo regional.
Qué implica el acuerdo Mercosur–Unión Europea
El acuerdo de asociación entre ambos bloques va mucho más allá del comercio. Incluye capítulos políticos, económicos y de cooperación, y establece reglas comunes en áreas clave como inversiones, propiedad intelectual, estándares sanitarios y técnicos, compras públicas y desarrollo sostenible.
En el plano comercial, el tratado prevé la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales, lo que facilitará el intercambio de bienes industriales, agrícolas y de servicios. Para el Mercosur, esto implica un acceso preferencial a uno de los mercados de mayor poder adquisitivo del mundo, con especial impacto en sectores como la agroindustria, la minería, la energía y los alimentos procesados.
Para la Unión Europea, el acuerdo permitirá diversificar proveedores estratégicos, fortalecer su presencia en América del Sur y reducir la dependencia de otros mercados en un contexto de competencia global creciente. Se estima que las empresas europeas podrían ahorrar hasta 4.000 millones de euros anuales en derechos aduaneros, mientras que la inversión extranjera directa hacia el Mercosur podría duplicarse en el mediano plazo.

Impacto esperado en la Argentina
Según estimaciones oficiales, la Argentina podría experimentar un fuerte crecimiento de sus exportaciones hacia la Unión Europea una vez que el acuerdo entre en vigencia. Proyecciones de Cancillería indican que las ventas externas podrían aumentar un 76% en los primeros cinco años y hasta un 122% en un horizonte de diez años.
En términos concretos, las exportaciones argentinas a la UE pasarían de unos USD 8.641 millones en 2025 a USD 15.166 millones en cinco años, y a USD 19.165 millones en una década. Entre los sectores con mayor potencial se destacan la energía, la minería especialmente litio y cobre y los hidrocarburos, además de productos agroindustriales de alto valor agregado.
Actualmente, el intercambio comercial entre ambos bloques supera los 111.000 millones de euros anuales, con Europa como un destino clave para productos agrícolas sudamericanos y el Mercosur como mercado relevante para maquinaria, automóviles, productos químicos y farmacéuticos europeos.
Desafíos, sectores sensibles y exigencias ambientales
A pesar de sus beneficios potenciales, el acuerdo también plantea desafíos significativos. En el Mercosur, sectores como el textil, el calzado y la industria metalmecánica enfrentarán una mayor competencia europea, mientras que en la Unión Europea existen temores por el impacto de las importaciones agrícolas sudamericanas en los productores locales.
Además, el cumplimiento de las exigencias ambientales europeas, especialmente en materia de deforestación, trazabilidad de productos y derechos laborales, requerirá inversiones, controles más estrictos y adaptaciones productivas en los países del Mercosur.
El éxito del acuerdo dependerá ahora de su ratificación parlamentaria en cada uno de los países involucrados y de la capacidad de los gobiernos para implementar políticas de transición que protejan a los sectores más vulnerables, especialmente pymes y economías regionales.

Con la firma consumada, se abre una nueva etapa para la relación entre Sudamérica y Europa, marcada por oportunidades históricas, pero también por la necesidad de consensos internos y estrategias de largo plazo.



